martes, 17 de julio de 2018

DISEÑO Y MARKETING

La alucinante historia de Bibendum, el muñeco de Michelin.
Uno de los símbolos comerciales más reconocidos del mundo cumple 120 años y lo hace manteniéndose tan joven como el primer día… y cargado de historia.

Gonzalo de Martorell · 15/07/2018 

El muñeco de Michelin, icono de la publicidad, nació en 1898. No es solamente el símbolo universal de una marca de neumáticos. Es también un icono de la cultura popular que ha trascendido generaciones e incluso ha dado pie a expresiones populares que nada tienen que ver con los neumáticos. Porque esta genial creación publicitaria de principios del siglo XIX es la culpable de que a esos kilos que nos sobran y todos queremos esconder al llegar el verano los llamemos ‘michelines’, término ya aceptado por la Real Academia Española.


1. El símbolo de Michelin nació casi por casualidad. La idea del divertido muñeco se le ocurrió al propio Edouard Michelin al observar un montón de sus neumáticos apilados en un almacén. “Si tuviera brazos parecería un tipo gordito”, le comentó a su hermano André. Pese a lo genial de la ocurrencia, la idea esta todavía tardaría cuatro años en cobrar forma porque los industriales no creyeron que su hombre-neumático fuera a tener más trascendencia.

Finalmente, en 1897, los Michelin pensaron que había llegado el momento de que su empresa tuviera una imagen y un eslogan y contactaron con el reputado ilustrador Marius Rossillon, O’Galop, en busca de ideas.

2. El dibujante presentó a los empresarios un esbozo que había realizado para una cervecería muniquesa y que le habían rechazado. Mostraba a un orondo borrachín bávaro a punto de zamparse una pinta bajo la frase en latín Nunc est bibendum (‘Y ahora bebamos’, la fórmula con la que brindaban los antiguos romanos); a André se le iluminó de inmediato la cara: ¡ese borrachín era igual que su muñeco de neumáticos! Y no solo eso, sino que la idea de que los neumáticos Michelin “se bebían los obstáculos” ya había sido usada por la marca unos años antes.

Todo encajaba, por lo que O’Galop diseñó el primer cartel publicitario de la historia de Michelin; un gordinflón hecho de neumáticos que brinda a nuestra salud con una copa llena de clavos bajo el lema “Nunc est bibendum”.

3. La expectación que despertó el muñeco –aún sin nombre oficial más allá del manido hombre-neumático– fue inmediata…, y como orgulloso padre André Michelin quiso que se le pareciera un poco, de modo que al personaje se le añadieron tres de sus rasgos más significativos: un anillo, un cigarro y unas enormes gafas redondas. Algunos meses después, durante la carrera París-Ámsterdam-París, Andre Michelin fue a saludar a un as local (Charles Thery) el cual, al verle, comenzó a exclamar divertido: “Bibendum, Bibendum”. El muñeco de neumáticos ya tenía nombre… y sería recordado para siempre. 

4. En diciembre de 1898 la popularidad del personaje había crecido ya tanto que los Michelin aprovecharon el Salón de la Bicicleta de París para mostrar al público su primer Bibendum de carne y hueso. La idea era que el personaje recibiera a quienes acudían al expositor de Michelin a interesarse por las cubiertas ciclistas de la casa, pero la avalancha de curiosos que se formó para ver de cerca al hombre-neumático fue tal que el pobre animador que le daba vida dentro del disfraz estuvo a punto de morir asfixiado

5. Una de las razones principales del éxito del Bibendum fue su versatilidad. Al ser una figura antropomórfica Michelin podía personalizarlo prácticamente a gusto de cada mercado. En el Reino Unido fue un gentleman con bombín, en Italia un aristócrata, en los Estados Unidos un cowboy (un militar durante la Primera Guerra Mundial, un astronauta cuando ha trabajado para la NASA…) y así hasta docenas de variantes.

El problema vino cuando cada país comenzó a hacer su propia versión del personaje…, algunas veces con resultados cuestionables respecto al original. Michelin decidió a finales de 1920 estandarizar el logotipo y crear su propio estudio de diseño con sus propios dibujantes.

6. En 1925, en Clermont-Ferrand –la sede central de Michelin– optaron entonces por un muñeco más delgado, de gesto más amable y más cercano a un personaje de dibujos animados. A partir de ese momento, Bibendum cambia; pierde el puro –que mantenía desde sus orígenes como homenaje al fundador– y pierde peso.

En esencia es ya el Bibendum que conocemos hoy en día y cuyo concepto se mantendrá más o menos invariable –sólo con ligerísimos retoques– hasta 1998. Ese año, coincidiendo con el centenario del muñeco, Michelin decide borrar cualquier referencia al sobrepeso en su popular icono, lo adelgaza aún más y Bibendum adquiere un rol más dinámico y deportista que mantiene en la actualidad.

7. La popularidad del simpático muñeco llegó a ser tal que su imagen se utilizó en marcas de chocolatinas, cigarrillos e incluso hubo orquestas que crearon bailes más o menos estrambóticos imitando sus movimientos. En 1930 Michelin tomó la decisión –que se mantiene vigente– de no ceder bajo ningún concepto ni para ningún tipo de uso comercial la imagen de su Bibendum.

De hecho, ni siquiera Michelin puede emplearla en otra cosa que no sean aspectos relacionados con los neumáticos de la casa, sus mapas y sus famosas guías…, aunque permitió que el Bibendum hiciera un cameo en una de las historietas de Asterix y en el cortoLogorama, en el que se enfrentaba al villano… ¡Ronald McDonald!

8. A finales de 2017 Michelin decide duplicar al Bibendum y crear dos versiones diferentes; una para la estricta promoción comercial de los neumáticos –más convencional– y otra más corporativa destinada a estar presente en todas aquellas actividades lúdicas, culturales y solidarias en los que está involucrada la multinacional francesa. En este papel humanitario, Bibendum es capaz de expresar más emociones y sentimientos y lucir imágenes menos habituales. La marca pretende de este modo separar al Bibendum automovilista del Bibendum solidario y evitar que ambos puedan confundirse. 

9. En el año 2000 el Bibendum de Michelin fue proclamado como el Mejor Logotipo del Mundo por el Financial Times y la revista Report on Bussines. El propio Salvador Dalí –autor del logo de Chupa-Chups– siempre lo consideró una obra comercial casi perfecta y tenía varias versiones del Bibendum repartidas por su casa de Port-Lligat. Pero no todo han sido éxitos en la trayectoria del celebérrimo muñeco francés; al principio de su existencia lo confundían a menudo con una momia o con un personaje promocional de algún folletín de terror

10. Una de las preguntas más repetidas sobre Bibendum es la de por qué es blanco si está hecho de neumáticos. En realidad el simpático logotipo es del color adecuado porque, aunque hoy no sea muy conocido, los primeros neumáticos eran de color gris claro. El desgaste y la suciedad de la carreteras los oscurecía, así que Bibendum debía ser de un blanco impoluto que simbolizara juventud y buena salud. Los neumáticos franceses no comenzaron a ser negros hasta 1917, cuando incorporaron el carbón a la mezcla de caucho.

Hasta la próxima


jueves, 14 de junio de 2018

EMPRESA, INNOVACIÓN Y BUROCRACIA

Por la trascendencia del tema y el interés que creemos que puede despertar reproducimos aquí este artículo publicado el 11 de junio en el suplemento RETINA de El País, y respetando el contenido del escrito vamos a denominarlo:

EMPRESA, INNOVACIÓN Y BUROCRACIA
Colombia desmonta tópicos sobre el papel de las personas en la innovación
Por Javier Cortés

El World Business Forum, celebrado en Bogotá, aborda el factor humano en los negocios digitales desde una perspectiva crítica y alejada de lugares comunes.

“La transformación digital debe empezar por una transformación cultural, hay que poner al cliente en el centro de la estrategia empresarial, debemos abordar el lado más humano de la tecnología...” Solo son unas pocas de entre la infinidad de frases que repiten los nuevos gurús de los negocios digitales como un mantra y que terminan convirtiéndose en palabras vacías a medida que se repiten una y otra vez sin apenas variaciones.

El World Business Forum, celebrado la semana pasada en Bogotá bordaba el reto de enfocarse en la importancia de contar con las personas en los procesos de transformación digital de las empresas huyendo de los tópicos más comunes que circulan en torno a esta cuestión.

“Supuesto que nuestras organizaciones tienen que ser dirigidas por humanos, no van a ser conducidas por monos", comenzaba el consultor y profesor Gary Hamel, aludiendo a uno de estos tópicos. "El problema es que a veces las empresas aportan un valor inferior al de las personas que están dentro de ella. Los humanos se adaptan; la mayoría de compañías, no".

Tres de cada cuatro organizaciones tienen la innovación entre sus principales prioridades estratégicas, según un estudio de Boston Consulting Group, pero pocas cumplen sus objetivos en este sentido.

Hamel tiene muy claro cuál es el principal responsable de los fracasos en los procesos de innovación de las grandes organizaciones: la burocracia. "Muchos directivos temen que sus empleados usen su sentido común. Prefieren controlarlo todo", lamenta este referente en estrategia y gestión empresarial. "No son conscientes de que su problema no tiene que ver con la eficiencia, sino con la creatividad".

Para fomentar la creatividad de los empleados e incentivar la innovación, es necesario que tengan una cierta libertad, unos márgenes más amplios en los que poder moverse. Hamel apuesta por un modelo en el que las multinacionales establezcan un equilibrio entre libertad y control creando microempresas autogestionadas con una supervisión centralizada.


Pero el paradigma de la humanización de los negocios no tiene que ver solo con los trabajadores. El cliente es quien finalmente garantiza el éxito de un proyecto innovador. "Muchas empresas, fundamentalmente startups, se obsesionan con que su producto tiene que ser diferente sin tener en cuenta que la gente se asusta de algunas tecnologías o productos porque son demasiado nuevos. La cuestión no es ser profundamente diferente, como suele pensarse, sino distinguirse de la forma adecuada", matizaba Jonah Berger, profesor de marketing en la Wharton Business School. 

Berger también rechaza la filosofía del creador de Apple, Steve Jobs, por la que una empresa puede generar una necesidad en sus clientes para venderles un producto. "Que tu cliente no sepa lo que quiere no significa que se lo tengas que decir", sostuvo. "Más bien es que no le conoces lo suficiente y no le estás planteando las preguntas adecuadas", razonó. 

La experta en ciencia del comportamiento del consumidor Kelly Peters coincide en este punto. "Es una cuestión de ética: tenemos que diferenciar si, como empresa, estamos influyendo en la decisión de una persona para que haga lo mejor para ella o para nosotros". 

Trasladar esta cuestión de la teoría a la práctica genera uno de los valores más importantes con los que puede contar una compañía para crecer en el mercado: confianza. Ian Williamson, director del Centro de Liderazgo de Impacto Social de Asia Pacífico, considera que las empresas tienen que ir un paso más allá y no pensar sólo en sus clientes. "Las familias que viven del sueldo que les pagas a tus empleados y la gente que recibe el impacto de tu trabajo, aunque no compren tus productos, forman parte de lo que significa tu empresa para la gente", expuso. "Tu proposición de valor es mucho más que el servicio que prestas". 

Hasta la próxima.

lunes, 4 de junio de 2018

La justicia da la razón a un repartidor de Deliveroo: es un falso autónomo

(En esta especie de “cruzada” en la que estamos empeñados, tratamos de exponer las repercusiones que se dan según se cotice a la SS por el trabajo asalariado o por el autónomo; así como la sustitución de empleados por máquinas, debido a la caída de cotizaciones en función del modelo elegido, entre otras cosas por el vaciado de la hucha de las pensiones. Hace unos días nos referíamos al tema en el siguiente post. Pues bien, las consecuencias no se han hecho esperar)


Una juez de Valencia ve que los rasgos de la relación laboral solo son compatibles con el "trabajo dependiente y por cuenta ajena" 

MANUEL V. GÓMEZ
EL PAIS, 4 de JUN 2018



Repartidores de Deliveroo en Madrid. SANTI BURGOS / VÍDEO: ATLAS

Una sentencia del juzgado de lo Social número 6 de Valencia ha fallado que un repartidor de Deliveroo, la empresa digital de reparto de comida a domicilio, no era un autónomo sino un asalariado. La juez estima parcialmente la demada de un trabajador que fue despedido por Roofood Spain, razón social de Deliveroo, y falla que esa rescisión fue improcedente. No obstante, para llegareste punto la sentencia califica la relación entre ambas de laboral y no civil, como pretende la empresas. Esto tiene una traducción clara: los riders son falsos autónomos. La sentencia puede ser recurrida ante el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana.

La primera sentencia de un juzgado en España, según explica el profesor de Derecho Laboral, Adrián Todolí, en su blog, sobre los repartidores de las empresas de reparto digital (Deliveroo, Glovo, Ubereats...) se ha alineado con el criterio de la Inspección de Trabajo, que ya en actas levantadas en Valencia y Madrid había rechazado el modelo de trabajo de estas plataformas por basarse en el uso de falsos autónomos, es decir, los riders serían realmente asalariados. A este primer golpe judicial se puede sumar otro pronto, hace dos semanas se celebró otro juicio en Barcelona sobre el despido de un rider de Delivero.

"No puede sino concluirse que se dan [...] las notas características de la relación laboral", señala la sentencia, que un poco más adelante indica: "[la relación] presenta rasgos que solo son concebibles en el trabajo dependiente y por cuenta ajenas". En apoyo de esta tesis, la juez continúa desarrollando los elementos que demostrarían que existen los principios que determinan que la relación en este caso sería laboral. 

Estos principios son los que se conocen en el lenguaje del Derecho Laboral como "dependencia y ajeneidad". Para apuntalar el primer principio, la juez subraya en los fundamentos de derecho que la empresa tendría en su mano elementos para decidir sobre la organización del trabajo (zona y tiempos de reparto, horario, geolocalización...). En lo referente al otro, ajeneidad o trabajo cuenta por cuenta ajena, lo asienta en el hecho de que "la empresa decidía el precio de los servicios realizados por el trabajador"; "fijaba el precio del servicio a los clientes y cobraba a través de la aplicación"; les advertía de que "eran la imagen de la compañía". Por tanto, "debe concluirse la existencia de una relación laboral entre las partes", es decir, el trabajador era un falso autónomo.

A partir de este punto, la sentencia falla que el despido del repartidor de Deliveroo en Valencia el 30 de junio de 2017 fue improcedente no nulo. El reclamaba la nulidad como él reclamaba. 

La compañía trató de no llegar a este punto y buscó un acuerdo con el repartidor, Víctor Sánchez, como él mismo ha declarado públicamente a diversos medios de comunicación, afirmando que no se metió en esto por dinero". Él dice que Roofood Spain llegó a ofrecerle "más de cinco cifras". El trabajador rechazó el pacto. Esto le ha costado dinero puesto que la decisión judicial apenas le compensa con 705,13 euros. 

En su reacción, la empresa insiste en afirmar que los "riders de Deliveroo trabajan por cuenta propia". También incide en que "este caso se refiere a un rider [repartido] que tenía un contrato anterior". La empresa ya ha esgrimido este argumento en el caso de las actas de la Inspección de Trabajo, pese a que en el caso de Valencia, este organismo dependiente del Ministerio de Empleo desestimó este argumento diciendo que los cambios que introdujo en el verano de 2017 no modificaban nada sustancial.

Hasta la semana que viene



lunes, 28 de mayo de 2018

YO, ROBOT O AUTÓNOMO?

Dado que algunas de las cuestiones de las que hablaba en un post de hace más de tres años parece que se han ido cumpliendo y debido a la actualidad de algunos de los temas, considero oportuno traerlo de nuevo por aquí para recordarlo. Mis disculpas por la repetición y mi agradecimiento con mis saludos a quienes se dignen leerlo.


Hace unos días, en el foro de Economía de Rankia, comenzó un debate sobre la influencia que van a tener los robots en la futura economía, y un forero decía: 


“En el futuro, los trabajadores seremos todos autónomos y ofreceremos nuestro propio robot a las empresas para que trabajen por nosotros de la misma manera que quien ofrece sus servicios como operario de grúa o conductor de camión. De esa forma las empresas se ahorran una gran inversión en equipos y evitan el absentismo laboral”

Otro forero amigo mío respondía: 

“Pero, ¿qué necesidad tendrá una compañía de pagarle el alquiler de su robot a un autónomo, si la empresa podrá tener en propiedad los robots que quiera por un módico precio, porque al llegarle la obsolescencia (si es que le llega) otro nuevo robot, modelo 2052 punto equis, y más barato, lo sustituirá”

Mi primera impresión, así a botepronto, fue que mi amigo tenía razón, ya que a pesar de la actual cultura empresarial del renting, sobre todo en los coches, si en el futuro los trabajos físicos lo hacen solo los robots, claro que un empresario o un particular con poderío económico no tendrán necesidad de pagar ese alquiler salvo casos muy puntuales, porque podrán tener en propiedad los que necesiten, ya que lo normal es que tengan una garantía de duración ilimitada, porque en el futuro la calidad será una cualidad intrínseca cercana a la perfección, por lo que resultará más rentable comprarlo que alquilarlo.



Es decir, si efectivamente estas predicciones se cumplen, el fondo de la cuestión puede estar más que en lo que las empresas se ahorren en equipos en el control efectivo del empleado, como la cuestión del absentismo laboral, entre otras. 

En mi post de 6 de octubre de 2014, “El pluriempleo hoy, mi interlocutor me decía que la Compañía no solo se lo ahorra en vehículos y herramientas, sino también en personal y Seguridad Social, porque cuando llegó la Reforma Laboral comenzó por despedir a un montón de fijos, y para contentar a los sindicatos y que no se notara demasiado empezó con los temporales en 2x1 (uno en turno de mañana y otro de tarde, total 20 horas semanales cada uno). Pero luego pasó directamente a contratar autónomos, y en ese paquete entré yo”. 

Y respecto al absentismo laboral, que era uno de los objetivos estratégicos de la Reforma, no cabe duda de que también se ha cumplido, porque la gente tiene el susto del despido tan metido en el cuerpo que después de la reforma muchos trabajadores acuden al trabajo incluso con gripe. 

Ahora bien, la cuestión económica puede ser una pescadilla que se muerda la cola, porque aunque se diga que están subiendo los cotizantes, si el grueso de los ingresos de la Seguridad Social se debe a la mensualidad de los autónomos y sabiendo la gran diferencia que hay entre el menor pago de éstos y el mayor porcentaje que paga la empresa por un trabajador de categoría media, con la gran masa de pagos a pensionistas y desempleados que tiene el Estado, a este paso el fondo de reserva de la SS se vaciará. Los números no cuadrarán

Y todo esto sin entrar a valorar la precariedad del autónomo

“El año que viene, según estimaciones de ATA, un 25% de los afiliados a la Seguridad Social serán autónomos. El presidente de la federación, Lorenzo Amor, ha señalado además que uno de cada tres empleos ha sido creado por autónomos. Sin embargo ha remarcado que, pese a que “en los datos macroeconómicos se está viendo una recuperación, la economía real aún no la ha percibido.” 



 Hasta la semana que viene

domingo, 22 de abril de 2018

EL PRECIO DE PEDIR A GOLPE DE CLIC (2ª Parte)

Uno de los puntos más polémicos son las condiciones laborales. Muchas de estas empresas se nutren principalmente de autónomos. Las compañías hablan de una nueva forma de trabajar revolucionaria, en la que las viejas reglas no sirven, que permite al empleado conseguir unos ingresos sin ataduras, cuando y cuanto se quiera. Otras voces añaden sombras al paisaje rosado y advierten que se trata de una precarización del trabajo que genera inestabilidad, salarios bajos y que tiene un impacto negativo en las arcas del Estado. “Hay mucha amnesia histórica en relación con la tecnología y la economía digital”, advierte Srnicek. “El modelo basado en autónomos tiene una larga historia, particularmente en construcción, como parte de la tendencia que llevó a subcontratar a partir de los setenta para reducir costes”, añade. Ahora la subcontratación llega a más tareas y sectores.

LA ADMINISTRACIÓN LOS CONSIDERA FALSOS AUTÓNOMOS AL EXISTIR UNA AUTÉNTICA RELACIÓN LABORAL.

¿Qué tipo de relación debería haber entre estos trabajadores y las empresas? Mientras la Comisión Europea prepara un plan para regular las nuevas formas de empleo, las pocas sentencias judiciales que ha habido hasta el momento no son determinantes. En noviembre debía celebrarse en España un primer juicio (de una denuncia interpuesta por tres repartidores de Deliveroo), pero el caso se cerró con un acuerdo económico. En Reino Unido, los jueces se han inclinado por definir a los conductores de Uber como trabajadores no autónomos. Sin embargo, dos pronunciamientos en Reino Unido y en Francia afirman que los riders de Deliveroo son freelancers. Las empresas alegan que esos autónomos tienen libertad para trabajar con cualquiera y que, en su mayoría, prefieren este tipo de flexibilidad.

¿Cuál es el papel del consumidor en todo esto? “Al final todos somos Uber. Todos consumimos plataformas. Si recurrimos a productos low cost, de alguna forma contribuimos a que se imponga una política de reducción de costes que puede traducirse en que las empresas ofrezcan un trabajo más low cost”, destaca Luz Rodríguez, profesora de derecho del trabajo de la Universidad de Castilla-La Mancha. “Habrá que tender hacia un sistema en el que los derechos sean iguales con independencia del estatus jurídico, de si uno es fijo, temporal o autónomo”, opina desde Ginebra, donde investiga, en colaboración con la Organización Internacional del Trabajo, el futuro del mercado laboral.

La economía de plataforma quizá represente a un porcentaje modesto de trabajadores, pero el empleo “bajo demanda” crece. McKinsey Global Institute realizó en 2016 una encuesta a 8.000 personas en Estados Unidos y Europa y concluyó que entre el 20% y el 30% de la población activa participa en algún tipo de trabajo autónomo.

“Tenemos que preguntarnos qué tipo de protección social queremos”, apunta Rodríguez, que advierte que la brecha entre trabajadores con un empleo fijo y trabajadores temporales se amplía.

El cambio en la forma de trabajar está siendo enorme y acelerado. El modelo de estudiar hasta los 20 años y luego aspirar a un contrato estable a tiempo completo está en duda, según Albert Cañigueral, miembro de OuiShare, un think tank colaborativo. “Hay preguntas pertinentes, como el factor ético del trabajo, de cómo los cambios afectan a la protección social. Esta tendencia va a ir a más. No será tanto una cuestión de asalariados frente a empleados independientes, sino de cómo estabilizar esos cambios, ante el riesgo de precariedad”, opina.

El auge de las plataformas coincide con la precarización del mercado laboral, con los salarios estancados y una elevada temporalidad. “La regulación se ha quedado anticuada. Lo que hay que pedir es más control general en el trabajo del futuro para evitar situaciones de explotación”, opina la filósofa Victoria Camps. “Hay que tener en cuenta también que no se pueden desmontar del todo servicios que son buenísimos para el consumidor; además, detrás de algunas iniciativas de economía colaborativa hay un objetivo positivo, que es optimizar los recursos, como quien comparte un coche”, añade. Lo que hay que pedir, en su opinión, son “más controles”.

Surgen también iniciativas que pretenden ofrecer alternativas a los grandes actores. Mensajeros de Deliveroo y Glovo se han rebelado y han montado sus propios servicios, en forma de cooperativa, con sus propias condiciones laborales. La cuestión es si se puede competir con multinacionales que atraen millones de unos fondos de capital riesgo que sienten especial predilección por todo lo “disruptivo”. “Creo que es más positivo construir estructuras alternativas que faciliten unas elecciones éticas a culpabilizar al usuario. Porque, en ocasiones, el consumo ético solo está al alcance de un determinado poder adquisitivo”, opina Srnicek.
De vuelta al sofá, en esa tarde fría de invierno, al recibir la comida uno podría preguntarse por las condiciones laborales del repartidor. Pero por el momento, opta por celebrar la comodidad 4.0, puntúa el servicio y comparte en las redes una foto de la cena.

Hasta la próxima

lunes, 16 de abril de 2018

El precio de pedir a golpe de clic (Parte 1ª)

La tecnología ha facilitado la irrupción de servicios que nos hacen la vida más fácil, pero a costa de condiciones laborales cuestionables. ¿Qué papel desempeñan los usuarios?

IDEAS - CRISTINA GALINDO
24 FEB 2018 - 16:27 CET

Madrid, ocho de la tarde de un domingo. Llueve y hace frío. Ha estado nevando por la mañana. Las calles están mojadas. Es uno de los peores inviernos de los últimos años. Calentitos en el sofá, no hay nada en la nevera, ¿a quién no le apetece pedir la cena? Hoy en día es posible elegir cualquier restaurante. El transporte es fácil y barato. En media hora llega a casa un ciclomensajero con el pedido. Él habrá estado toda la tarde pendiente del móvil para ver si entran encargos. Cobrará por entrega unos seis euros por el mal tiempo, en lugar de los cuatro y pico habituales. No tiene un contrato laboral. Es autónomo. No le ampara ningún convenio sectorial como a otros mensajeros asalariados de compañías tradicionales. Si tiene un accidente, los gastos corren por su cuenta.

Pedir comida a domicilio es una de las comodidades de la vida moderna. Y cada vez el servicio es más eficiente. No importa que el restaurante elegido no tenga reparto. Se puede encargar de todo, no solo la típica pizza o comida asiática, y a un precio asequible, a golpe de clic, a través del móvil. Como decía Evan Williams, cofundador de Twitter, si algo ofrece Internet es “conveniencia”: “Hace que los deseos humanos sean más fáciles de conseguir, porque las cosas son muy rápidas y no hay tiempo para pensar demasiado”. Es ese “lo quieres, lo tienes”, tan sencillo que buscar una alternativa parece una complicación innecesaria.

La tecnología ha multiplicado los servicios que nos facilitan la vida. Pero detrás de esa comodidad se esconden dilemas. El arco de empresas que se dedican a la llamada gig economy (economía de los recados) es muy amplio. Amazon es capaz de llevarte casi cualquier producto en unas horas, pero sus críticos advierten de que es una amenaza para el comercio tradicional. Airbnb, que permite a turistas alojarse en pisos para sentirse como en casa, es señalada como una de las causantes del aumento de precios del alquiler. En el transporte y la distribución, Deliveroo, Glovo, Uber y Cabify, por citar algunas, han revolucionado el sector a costa de unas condiciones laborales que suscitan problemas. Hasta ahora la resistencia a estas iniciativas procede principalmente de los competidores (taxistas, hoteles, mensajerías…), no de los consumidores.

Un repartidor de Uber Eats circula por Lille (Francia). PHILIPPE HUGYUEN (AFP / GETTY)

Para entender el problema, analicemos su naturaleza. Tradicionalmente se ha clasificado a la mayoría de estos nuevos negocios como economía colaborativa. Pero no operan todos igual. Las apariencias engañan. Este término, que comenzó a popularizarse en 2010 con libros como Lo que es mío es tuyo, de Rachel Botsman, no encaja exactamente con la manera de funcionar de muchas de estas empresas. Además, a veces sucede que, dentro de una misma web, hay transacciones que son más o menos colaborativas: no es lo mismo un particular que alquila durante sus vacaciones su casa en Airbnb, que uno que ofrece cinco pisos durante todo el año. Nicholas Srnicek, profesor del King’s College de Londres y autor de Platform Capitalism, explica en una entrevista que prefiere llamar a este fenómeno “economía de plataforma”, para no confundir iniciativas que solo buscan rentabilidad con otras verdaderamente colaborativas.

La economía de plataforma es el modelo de negocio de la era digital y de él surgen las nuevas fábricas del siglo XXI. Más que producir, sirven de lugar de encuentro. Estas potentes plataformas tecnológicas ponen en contacto oferta y demanda con la diligencia de un jefe infatigable que, además, sabe en todo momento qué opinan los clientes, y qué hacen los empleados. Un jefe que tiene más información que el resto de los participantes en la transacción y que fija sus tarifas y condiciones. Srnicek incluye en esta categoría todo tipo de plataformas tecnológicas, también Google y Facebook, porque son espacios de intercambio y utilizan a sus usuarios para conseguir publicidad. Todo pasa por el ritmo eficiente de los algoritmos. 

Otro modelo que se incluye en esta larga lista son las webs de crowdworking. Éstas ofrecen pequeños trabajos, normalmente de traducción, redacción, software y diseño, a los llamados microworkers o clic-workers, ya residan en Valencia, Manila o Bogotá. Algunos ejemplos son MTurk (Amazon), Twago y Guru. “Sería ingenuo negar que el capitalismo de plataformas tiene éxito. El problema es que sus servicios se combinan con la imagen de conductores de Uber durmiendo en el coche para estar disponibles a todas horas y llegar a fin de mes… Es difícil separar las ventajas de los inconvenientes”, opina Srnicek. A esto se une que las multinacionales tecnológicas pagan pocos impuestos en relación a sus ingresos. 

El crowdworking ha llevado a un nuevo nivel la deslocalización. Este tipo de negocios está creciendo especialmente en los países emergentes, según explica Mark Graham, investigador del Instituto de Internet de Oxford. “Tiene un impacto muy positivo para gente que puede así acceder a empleos que de otra manera no podría hacer [traducir desde Filipinas para una empresa en Estocolmo], pero como se trata de lugares muy poco regulados hay un gran riesgo”, señala.

La economía de plataforma tiene un futuro prometedor. Libros como Platform Revolution y Matchmakers se han convertido en referencias para entender la eficiencia económica del modelo. Price waterhouse Coopers prevé un crecimiento de los ingresos anuales de este tipo de negocios de los 15.000 millones de dólares actuales a los 335.000 millones en 2025.

La 2ª parte y última, la semana próxima 

martes, 3 de abril de 2018

AUTÓNOMOS EN BUSCA DE WIFIS

Como vengo diciendo y según la reciente publicación del Informe GEM 2017, en Seúl, hablaba en mi post anterior del ligero aumento de un punto porcentual (de 5,2 a 6,2%) de emprendedores respecto a 2016, que se concreta en su gran mayoría en trabajadores autónomos, pero no en empresarios autónomos que puedan contratar y pagar las nóminas de sus empleados. Y a mayor abundamiento sobre el tema, reproduzco aquí un artículo de El País del lunes 26 de la pasada semana, titulado 

“Currantes de biblioteca”

Sergio C. Fanjul
Madrid, 26 MAR 2018 - 22:42 CEST 

Muchos trabajadores autónomos se ven obligados a trabajar desde casa, pero a gran parte de ellos les resulta infructuoso o incluso dañino para su salud mental: es preciso quitarse el pijama. Una opción es apuntarse al fenómeno de los coworkings, que prometen estilo californiano, modernidad y sinergias; otra, más modesta, es acudir, con el ordenador portátil a cuestas, a cafeterías con buen wifi o bibliotecas públicas.


Jana Pacheco, trabajadora autónoma que utiliza bibliotecas públicas como oficina, en la biblioteca del Reina Sofía.

Paco Bescós, publicista, escritor (su última novela es El porqué del color rojo, publicada por Salto de Página) y tres veces padre, todo ello freelance. Ha trabajado en bibliotecas y centros culturales por Madrid, Pozuelo de Alarcón, Llanes (Asturias) o Calahorra (La Rioja). “Tú dices que vas a la biblioteca, pero en realidad sales a la calle con tu ordenador y tus trastos y te dedicas a probar suerte”, explica, “¿Qué tal está hoy de gente la biblioteca de Pozuelo? ¿Qué tal irá hoy la wifi del ayuntamiento de Calahorra? ¿Estará hoy pillada la mesa de cerca del enchufe en el bar?”.

El ambiente de trabajo idóneo a veces tarda en aparecer, su búsqueda es una parte más de la jornada laboral. La cosa también depende de su prole: “Ahora, por ejemplo, estoy pasando una época dorada”, ironiza, “mi hija acaba de empezar en una guardería que está al lado de un centro cultural con una estupenda sala de estudio; la llevo a la guardería, me meto allí y, seis horas después, la recojo”. Entre los escollos más comunes en este tipo de lugares, cuenta, está la lentitud del wifi, la falta de enchufes o la celebración de clases de flamenco en clases contiguas a la sala de estudio.

Desde el Ayuntamiento han notado el aumento de este tipo de usuarios en las bibliotecas municipales en los últimos años. “No tenemos estadísticas exactas en este sentido, pero estimo que podría ser del 20 o 25%”, dice Ángel Payar, jefe de servicio de Bibliotecas Públicas. Según explica, tras la crisis mucha gente ya se acercó a las 32 bibliotecas municipales a aprovechar la conexión a Internet, ahora aumentan los usuarios que llevan su propio ordenador para trabajar y buscar empleo, explica Payar.

Bescós no se considera especialmente precario. “Sería injusto decir eso teniendo en cuenta la cantidad de trabajadores que son precarios de verdad”, dice, “pero sí, estoy pasando una época de incertidumbre, con una trituradora de dinero en casa y enfrentándome a este trapecismo sin red que es ser aprendiz de freelance. Necesito libertad de movimientos para hacer mi parte en el cuidado y educación de los niños, pero también ingresos para afrontar tantos gastos. No puedo afrontar el gasto fijo que es un despacho”. A Madrid ya la han llamado la Comunidad de los Autónomos: en el último año registró el mayor crecimiento de España, un 2,36%. Casi 389.000 trabajadores por cuenta propia según datos del Ministerio de Empleo, de finales de 2017. En toda España la cifra está en torno a 3.210.000 autónomos.

La biblioteca del museo Reina Sofía es una de las más concurridas. Allí suele trabajar la productora, dramaturga y directora teatral Jana Pacheco. “Hablamos de coworkings y bibliotecas como algo guay para no hablar de precariedad laboral", dice, “yo trabajo en la biblioteca a pesar de tener un coworking maravilloso al lado, Lanau Espacio Creativo, porque me recuerda a la Facultad, a los compañeros, y hay un silencio que no hay en ninguna parte”. Pacheco hace de la necesidad virtud: utiliza los libros como paréntesis en el trabajo, los hojea como quien sale fuera a fumar. Así, dice, lo que lee se van colando en todo lo que hace. “Hacer algo que te gusta antes de trabajar aumenta la concentración”, afirma la productora, “así, entre trabajo y melancolía, se pasa mejor el día”.


Hasta la próxima

Mi foto
Empresario y consultor Sénior, y todavía emprendedor, que a pesar de mi formación universitaria en Derecho; de mi larga trayectoria empresarial; de tantos cursos y seminarios en Marketing, Diseño o Innovación, y de un Máster en Creación de Empresas Innovadoras, de lo que más orgulloso me siento es de colaborar con organismos como el CEEI, la Cámara de Comercio o Secot para poder poner mis conocimientos y experiencia al servicio de una juventud que está obligada a emprender pero que a su vez está muy necesitada de Formación Empresarial y, sobre todo, Comercial.