lunes, 16 de abril de 2018

El precio de pedir a golpe de clic (Parte 1ª)

La tecnología ha facilitado la irrupción de servicios que nos hacen la vida más fácil, pero a costa de condiciones laborales cuestionables. ¿Qué papel desempeñan los usuarios?

IDEAS - CRISTINA GALINDO
24 FEB 2018 - 16:27 CET

Madrid, ocho de la tarde de un domingo. Llueve y hace frío. Ha estado nevando por la mañana. Las calles están mojadas. Es uno de los peores inviernos de los últimos años. Calentitos en el sofá, no hay nada en la nevera, ¿a quién no le apetece pedir la cena? Hoy en día es posible elegir cualquier restaurante. El transporte es fácil y barato. En media hora llega a casa un ciclomensajero con el pedido. Él habrá estado toda la tarde pendiente del móvil para ver si entran encargos. Cobrará por entrega unos seis euros por el mal tiempo, en lugar de los cuatro y pico habituales. No tiene un contrato laboral. Es autónomo. No le ampara ningún convenio sectorial como a otros mensajeros asalariados de compañías tradicionales. Si tiene un accidente, los gastos corren por su cuenta.

Pedir comida a domicilio es una de las comodidades de la vida moderna. Y cada vez el servicio es más eficiente. No importa que el restaurante elegido no tenga reparto. Se puede encargar de todo, no solo la típica pizza o comida asiática, y a un precio asequible, a golpe de clic, a través del móvil. Como decía Evan Williams, cofundador de Twitter, si algo ofrece Internet es “conveniencia”: “Hace que los deseos humanos sean más fáciles de conseguir, porque las cosas son muy rápidas y no hay tiempo para pensar demasiado”. Es ese “lo quieres, lo tienes”, tan sencillo que buscar una alternativa parece una complicación innecesaria.

La tecnología ha multiplicado los servicios que nos facilitan la vida. Pero detrás de esa comodidad se esconden dilemas. El arco de empresas que se dedican a la llamada gig economy (economía de los recados) es muy amplio. Amazon es capaz de llevarte casi cualquier producto en unas horas, pero sus críticos advierten de que es una amenaza para el comercio tradicional. Airbnb, que permite a turistas alojarse en pisos para sentirse como en casa, es señalada como una de las causantes del aumento de precios del alquiler. En el transporte y la distribución, Deliveroo, Glovo, Uber y Cabify, por citar algunas, han revolucionado el sector a costa de unas condiciones laborales que suscitan problemas. Hasta ahora la resistencia a estas iniciativas procede principalmente de los competidores (taxistas, hoteles, mensajerías…), no de los consumidores.

Un repartidor de Uber Eats circula por Lille (Francia). PHILIPPE HUGYUEN (AFP / GETTY)

Para entender el problema, analicemos su naturaleza. Tradicionalmente se ha clasificado a la mayoría de estos nuevos negocios como economía colaborativa. Pero no operan todos igual. Las apariencias engañan. Este término, que comenzó a popularizarse en 2010 con libros como Lo que es mío es tuyo, de Rachel Botsman, no encaja exactamente con la manera de funcionar de muchas de estas empresas. Además, a veces sucede que, dentro de una misma web, hay transacciones que son más o menos colaborativas: no es lo mismo un particular que alquila durante sus vacaciones su casa en Airbnb, que uno que ofrece cinco pisos durante todo el año. Nicholas Srnicek, profesor del King’s College de Londres y autor de Platform Capitalism, explica en una entrevista que prefiere llamar a este fenómeno “economía de plataforma”, para no confundir iniciativas que solo buscan rentabilidad con otras verdaderamente colaborativas.

La economía de plataforma es el modelo de negocio de la era digital y de él surgen las nuevas fábricas del siglo XXI. Más que producir, sirven de lugar de encuentro. Estas potentes plataformas tecnológicas ponen en contacto oferta y demanda con la diligencia de un jefe infatigable que, además, sabe en todo momento qué opinan los clientes, y qué hacen los empleados. Un jefe que tiene más información que el resto de los participantes en la transacción y que fija sus tarifas y condiciones. Srnicek incluye en esta categoría todo tipo de plataformas tecnológicas, también Google y Facebook, porque son espacios de intercambio y utilizan a sus usuarios para conseguir publicidad. Todo pasa por el ritmo eficiente de los algoritmos. 

Otro modelo que se incluye en esta larga lista son las webs de crowdworking. Éstas ofrecen pequeños trabajos, normalmente de traducción, redacción, software y diseño, a los llamados microworkers o clic-workers, ya residan en Valencia, Manila o Bogotá. Algunos ejemplos son MTurk (Amazon), Twago y Guru. “Sería ingenuo negar que el capitalismo de plataformas tiene éxito. El problema es que sus servicios se combinan con la imagen de conductores de Uber durmiendo en el coche para estar disponibles a todas horas y llegar a fin de mes… Es difícil separar las ventajas de los inconvenientes”, opina Srnicek. A esto se une que las multinacionales tecnológicas pagan pocos impuestos en relación a sus ingresos. 

El crowdworking ha llevado a un nuevo nivel la deslocalización. Este tipo de negocios está creciendo especialmente en los países emergentes, según explica Mark Graham, investigador del Instituto de Internet de Oxford. “Tiene un impacto muy positivo para gente que puede así acceder a empleos que de otra manera no podría hacer [traducir desde Filipinas para una empresa en Estocolmo], pero como se trata de lugares muy poco regulados hay un gran riesgo”, señala.

La economía de plataforma tiene un futuro prometedor. Libros como Platform Revolution y Matchmakers se han convertido en referencias para entender la eficiencia económica del modelo. Price waterhouse Coopers prevé un crecimiento de los ingresos anuales de este tipo de negocios de los 15.000 millones de dólares actuales a los 335.000 millones en 2025.

La 2ª parte y última, la semana próxima 

martes, 3 de abril de 2018

AUTÓNOMOS EN BUSCA DE WIFIS

Como vengo diciendo y según la reciente publicación del Informe GEM 2017, en Seúl, hablaba en mi post anterior del ligero aumento de un punto porcentual (de 5,2 a 6,2%) de emprendedores respecto a 2016, que se concreta en su gran mayoría en trabajadores autónomos, pero no en empresarios autónomos que puedan contratar y pagar las nóminas de sus empleados. Y a mayor abundamiento sobre el tema, reproduzco aquí un artículo de El País del lunes 26 de la pasada semana, titulado 

“Currantes de biblioteca”

Sergio C. Fanjul
Madrid, 26 MAR 2018 - 22:42 CEST 

Muchos trabajadores autónomos se ven obligados a trabajar desde casa, pero a gran parte de ellos les resulta infructuoso o incluso dañino para su salud mental: es preciso quitarse el pijama. Una opción es apuntarse al fenómeno de los coworkings, que prometen estilo californiano, modernidad y sinergias; otra, más modesta, es acudir, con el ordenador portátil a cuestas, a cafeterías con buen wifi o bibliotecas públicas.


Jana Pacheco, trabajadora autónoma que utiliza bibliotecas públicas como oficina, en la biblioteca del Reina Sofía.

Paco Bescós, publicista, escritor (su última novela es El porqué del color rojo, publicada por Salto de Página) y tres veces padre, todo ello freelance. Ha trabajado en bibliotecas y centros culturales por Madrid, Pozuelo de Alarcón, Llanes (Asturias) o Calahorra (La Rioja). “Tú dices que vas a la biblioteca, pero en realidad sales a la calle con tu ordenador y tus trastos y te dedicas a probar suerte”, explica, “¿Qué tal está hoy de gente la biblioteca de Pozuelo? ¿Qué tal irá hoy la wifi del ayuntamiento de Calahorra? ¿Estará hoy pillada la mesa de cerca del enchufe en el bar?”.

El ambiente de trabajo idóneo a veces tarda en aparecer, su búsqueda es una parte más de la jornada laboral. La cosa también depende de su prole: “Ahora, por ejemplo, estoy pasando una época dorada”, ironiza, “mi hija acaba de empezar en una guardería que está al lado de un centro cultural con una estupenda sala de estudio; la llevo a la guardería, me meto allí y, seis horas después, la recojo”. Entre los escollos más comunes en este tipo de lugares, cuenta, está la lentitud del wifi, la falta de enchufes o la celebración de clases de flamenco en clases contiguas a la sala de estudio.

Desde el Ayuntamiento han notado el aumento de este tipo de usuarios en las bibliotecas municipales en los últimos años. “No tenemos estadísticas exactas en este sentido, pero estimo que podría ser del 20 o 25%”, dice Ángel Payar, jefe de servicio de Bibliotecas Públicas. Según explica, tras la crisis mucha gente ya se acercó a las 32 bibliotecas municipales a aprovechar la conexión a Internet, ahora aumentan los usuarios que llevan su propio ordenador para trabajar y buscar empleo, explica Payar.

Bescós no se considera especialmente precario. “Sería injusto decir eso teniendo en cuenta la cantidad de trabajadores que son precarios de verdad”, dice, “pero sí, estoy pasando una época de incertidumbre, con una trituradora de dinero en casa y enfrentándome a este trapecismo sin red que es ser aprendiz de freelance. Necesito libertad de movimientos para hacer mi parte en el cuidado y educación de los niños, pero también ingresos para afrontar tantos gastos. No puedo afrontar el gasto fijo que es un despacho”. A Madrid ya la han llamado la Comunidad de los Autónomos: en el último año registró el mayor crecimiento de España, un 2,36%. Casi 389.000 trabajadores por cuenta propia según datos del Ministerio de Empleo, de finales de 2017. En toda España la cifra está en torno a 3.210.000 autónomos.

La biblioteca del museo Reina Sofía es una de las más concurridas. Allí suele trabajar la productora, dramaturga y directora teatral Jana Pacheco. “Hablamos de coworkings y bibliotecas como algo guay para no hablar de precariedad laboral", dice, “yo trabajo en la biblioteca a pesar de tener un coworking maravilloso al lado, Lanau Espacio Creativo, porque me recuerda a la Facultad, a los compañeros, y hay un silencio que no hay en ninguna parte”. Pacheco hace de la necesidad virtud: utiliza los libros como paréntesis en el trabajo, los hojea como quien sale fuera a fumar. Así, dice, lo que lee se van colando en todo lo que hace. “Hacer algo que te gusta antes de trabajar aumenta la concentración”, afirma la productora, “así, entre trabajo y melancolía, se pasa mejor el día”.


Hasta la próxima

viernes, 16 de marzo de 2018

EMPRENDIMIENTO Y CREACIÓN DE EMPLEO EN ESPAÑA

Ya se ha presentado el Informe GEM 2017. Este año ha tocado en Seúl, y destaca que el emprendimiento crece en todo el mundo y que predominan las iniciativas impulsadas por oportunidades del mercado, aunque refleja una disminución en las perspectivas de creación de empleo en todos los niveles económicos.

Según los autores, estos cambios podrían indicar que cada vez más emprendedores eligen trabajar de forma autónoma. En este sentido, Federico Gutiérrez-Solana, director de CISE y presidente de la RED GEM España, explica que “esta es una tendencia de futuro inmediato: los nuevos emprendedores van a encontrar sus oportunidades en el autoempleo, basado en el propio conocimiento más que en la creación de empresas”.

América del Norte es la región con la mayor proporción de emprendedores que esperan crear puestos de trabajo en los próximos cinco años (58,8%), mientras que en Europa el 50% indica que generarán al menos un empleo. En España lo espera el 42% y un 9% prevé contratar a 6 o más empleados en los próximos cinco años.

El GEM es el mayor estudio vinculado al emprendimiento del mundo y se desarrolla de forma ininterrumpida desde 1999 evaluando características, motivaciones y ambiciones de cientos de miles de personas de más de 60 países. El último informe presentado en Corea del Sur cubre el 68% de la población y el 86% del PIB mundial. Esta iniciativa global cuenta en España con la coordinación del Centro Internacional Santander Emprendimiento (CISE) y el patrocinio de Banco Santander y la Fundación Rafael del Pino.

Según el informe, las economías con mayor desarrollo reportan niveles más altos de iniciativa emprendedora impulsada por oportunidades y, a su vez, mayores índices de innovación y de perspectivas de creación de empleo. Como hemos dicho, América del Norte se sitúa a la cabeza con un 82% de emprendedores motivados por oportunidades, seguida de Europa (75%) y Asia y Oceanía (74%). En España este índice se ha estabilizado en torno al 70%.

El grado de innovación, que según GEM se da cuando una iniciativa emprendedora ofrece un producto o servicio nuevo para el mercado, es también más elevado en economías desarrolladas como Canadá (43%), Francia (48%), Estados unidos (36%). La cifra de innovación en España ha aumentado situándose en un 25% (mejorando el índice de los últimos ocho años) , aunque continúa por debajo de la media europea (28%), ha superado los niveles de otras economías competitivas como Holanda (22%) o Alemania (23%).

La actividad emprendedora ha aumentado en España un punto con respecto al año anterior (del 5,2% al 6,2%). Y, por primera vez en ocho años, ha superado el umbral del 6%, iniciando la recuperación hacia las cifras que alcanzaba antes de la crisis. La tasa de negocios establecidos (con más de 3,5 años en el mercado) también ha mejorado, situando a España (7%) en la media de los países europeos y por encima del total de las economías impulsadas por la innovación (entre los que se encuentra nuestro país). 

Actividad emprendedora en el mundo 

El principal índice que analiza GEM es la Tasa de Actividad Emprendedora (Total Entrepreneurial Activity-TEA), que mide las iniciativas que tienen hasta 3,5 años de vida en el mercado sobre la población de 18 a 64 años. En términos globales, el Informe refleja que en dos tercios en todos los países encuestados.


Impacto del emprendimiento en el empleo

Los datos indican también que existe una correlación entre los altos niveles de motivación por oportunidad y las perspectivas de creación de empleo. Desde el punto de vista de la formulación de políticas, el informe GEM señala que es importante implementar medidas, regulaciones y educación dirigidos específicamente a apoyar a los emprendedores con aspiraciones de crecimiento medio o alto y con iniciativas viables y escalables con el fin de optimizar su impacto sobre el crecimiento económico. 

Más apoyo y educación en emprendimiento 

El Informe Mundial GEM realiza entrevistas a expertos en emprendimiento de todo el mundo que evalúan doce componentes que se consideran imprescindibles para crear un ambiente estimulante para los emprendedores. En España han resaltado el valor de las iniciativas gubernamentales encaminadas a impulsar el emprendimiento, aunque han criticado que no se acompañen con políticas que reduzcan los trámites burocráticos y las cargas impositivas

Si bien su valoración sobre la educación en emprendimiento ha mejorado, los expertos insisten en que esta formación todavía tiene un papel secundario y recomiendan la introducción de más conceptos sobre actividad emprendedora tanto en etapa escolar como universitaria. El fomento de la transferencia de I+D al tejido productivo también es señalado como un punto débil en España sobre el que es necesario realizar políticas más efectivas. Gutiérrez-Solana coincide con los expertos en la necesidad de incentivar las actitudes emprendedoras entre los investigadores ya que “las personas emprendedoras son un vehículo sustancial de la transferencia del conocimiento y, por tanto, de potenciar la innovación y la competitividad”. 

Hasta la próxima


lunes, 12 de marzo de 2018

DEL HUMANISTA AL HUMANOIDE

Lo previsible se automatizará, mientras que se necesitarán más habilidades humanas tendentes a solucionar lo imprevisible.

Durante el siglo XIV la sociedad feudal sufrió una enorme crisis debida a una concatenación de factores negativos que debilitó el poder de los señores feudales porque perdieron muchos tributos de los siervos de la gleba, que dejaban de trabajar el campo al preferir enrolarse como soldados en los ejércitos que luchaban en las interminables guerras que asolaban Europa. 

La consecuencia fue una falta de alimentación y de higiene que se tradujo en grandes hambrunas y epidemias, que culminaron con la peste negra, la cual afectó a gran parte de Europa a partir de 1348, y acabó con la vida de unos 25 millones de sus habitantes, el 50% de la población, aproximadamente.

Pero a principios del siglo XV la agricultura se reconstituyó. Muchas tierras abandonadas se pusieron de nuevo en producción, viendo en ello los comerciantes urbanos una buena oportunidad de negocio; así que comenzaron a invertir en la compra de tierras. Pero el cambio no era fácil: había que modificar la rígida sociedad feudal.

En el país que más se notó el cambió fue Inglaterra, porque muchos propietarios comercializaban lo que ya producían sus propias tierras, así que introdujeron innovaciones técnicas para aumentar la productividad, las cuales provocaron bastante desocupación ya que dichas novedades reducían la mano de obra.

En las ciudades, la mayor parte de la producción artesanal siguió controlada por los gremios que fijaban los precios, la cantidad y la calidad de los productos. Y aunque la lana para la producción de paños provenía de las zonas ganaderas y rurales de Inglaterra y España, las florecientes ciudades italianas mantenían la producción de tejidos de seda de alta calidad, con el consiguiente beneficio.

Se dejó atrás la Edad Media y se produjo un cambio radical, desde la creación de riquezas hasta lo cultural, pasando por la política o el nacimiento de la Imprenta, originándose el comienzo de la Edad Moderna, que se materializó en el Renacimiento (1450–1570). 

Iniciado en Italia, el Renacimiento se basó en el Humanismo. Una filosofía antropocéntrica en la que todo giraba en torno al Hombre, desligado de la histórica perspectiva teológica y enlazando con las nuevas ciencias y volviendo la vista al arte clásico grecolatino.

Bien, pues ya es un hecho la existencia de una imitación humana: un Humanoide con Inteligencia Artificial, creada por el descendiente del Humanista del Renacimiento, aquel que comenzó la andadura que nos ha traído hasta aquí tras cinco siglos de historia y tres revoluciones industriales. La actual de la IA ya es la 4ª.


Este tema se puede enfocar desde distintos puntos de vista, pero todos ellos son problemáticos porque, si hablamos de lo nuestro, la empresa, su fin es intentar conseguir la mayor productividad posible para obtener una rentabilidad que le asegure su continuidad. Otra cosa es tratar de conseguirla “como sea”. Porque en un futuro como el que nos espera, de robotización masiva, ¿qué espacio puede quedar para el trabajador humano? 

La Universidad de Oxford estima que el 47% de las profesiones que hoy conocemos ya están en riesgo de desaparecer, y las que permanezcan tendrán que cambiar radicalmente. En línea con este cálculo, la revolución laboral ya está en marcha: Camioneros, mecánicos de coches, carpinteros, soldadores, maquinistas y empleados de contabilidad disminuyeron en la última década.

Por otro lado, el Foro Económico Mundial de Davos, en su informe "El futuro de los trabajos: Empleo, habilidades y estrategia de la fuerza de trabajo para la cuarta revolución industrial" afirma que "las profesiones y competencias más demandadas en la actualidad no existían hace diez o incluso cinco años, y el 65% de los niños que estudian Primaria trabajarán en empleos que aún ni existen". 

Pero los empleos del futuro aún son impensables, lo que supone un reto para la educación, pues, según el Banco Mundial, un joven que se matricule en ingeniería, “la mitad de lo que aprenda en su primer año estará ya obsoleto al final del tercer año de carrera”. Por tanto, ¿qué futuro laboral les espera a los actuales alumnos de bachiller?

Por eso, al llegar a este punto estamos obligados a preguntar a las autoridades competentes si se están utilizando las necesarias habilidades para que los programas estudiantiles prevean desde edades tempranas algunas soluciones a los problemas que serán más imprevisibles aún si hoy no se toman medidas. 

Hasta la próxima

lunes, 26 de febrero de 2018

EMPLEO 4.0

El Ludismo fue un movimiento social nacido en Inglaterra a principios del siglo XIX caracterizado por la oposición a las máquinas, sobre todo en la Agricultura y la Industria Textil, llevando incluso a campesinos y artesanos a la destrucción de trilladoras y telares para intentar frenar los avances de la Primera Revolución Industrial, porque temían perder sus empleos debido a la competencia surgida en los nuevos obreros industriales, cuyo rutinario trabajo fabril no requería de las habilidades y capacidades que ellos dominaban después de haberlas desarrollado y perfeccionado durante mucho tiempo.

Pero una somera ojeada a la Historia nos muestra que no ha habido Ludismo capaz de poner freno a la formidable acumulación de innovaciones que desde entonces han tenido lugar en todos los órdenes de la vida, hasta llegar a la llamada Cuarta Revolución Industrial, algunos de cuyos efectos ya se conocen o se intuyen.


Yo comprendo que la publicación de estos temas no tenga una acogida uniforme ni se traduzca en demasiados “likes”, porque la percepción de la información digital es muy subjetiva y el target lector la asimila en función de los conocimientos que más o menos posee sobre el asunto. Y más, si tiene entronizadas en el altar de las ciencias a las tecnologías emergentes, porque piense que todo lo analógico ya se ha quedado obsoleto.

Pero lo analógico seguirá solapado con lo digital y conviviendo juntos en el tiempo, como ha sucedido con tantas innovaciones que en la historia han sido. Así que como en este blog lo que trato de buscar es el mayor contraste de pareceres, aunque lo más seguro es que no siempre lo consiga, sugiero al sufrido lector que lea con calma este artículo de la Revista Tecnológica del MIT para tratar de poner cierto orden en las cosas.

Y dado que este post de hoy va de enlaces, aunque pueda pecar de cargante, traigo aquí otro link (este más reciente y cercano) que está basado en un estudio de la consultora PwC. Lo hago para que nadie piense que deseo algún tipo de Neo-Ludismo, a pesar de los malos tiempos que corren para el empleo y, según ciertas opiniones, el futuro parece que se puede presentar más incierto todavía.

Así que dado que en estas cuestiones lo serio debe ser posicionarse, voy a rematar con una frase del profesor del MIT, Erik Brynjolfsson, con cuyo significado me identifico: 

“Uno de los oscuros secretos de la Economía es que el progreso tecnológico sirve para crear y hacer crecer la riqueza, pero no existe ninguna ley económica que afirme que todo el mundo se beneficiará de ello. Es decir, en la carrera contra la máquina es probable que algunos ganen mientras muchos otros pierden” 


Hasta la próxima

jueves, 15 de febrero de 2018

LA “INEVITABLE” TRANSFORMACIÓN DIGITAL

Hoy reproduce El País una noticia que fue publicada en el último País Semanal, sobre un ingeniero vasco que ha ideado un sistema “para anticiparse a los fallos de los objetos tecnológicos que, asegura, cada vez son más humanos, y que su misión es ‘curarlos’ antes de que generen pérdidas.”

Líbreme Dios de dudar de tan extraordinaria innovación, pero aunque intento alejar de mi cualquier atisbo de rechazo por los modernísimos progresos digitales que sin parar nos invaden, para ser justo, también estoy por la teoría pendular, y en consecuencia quiero traer también aquí, si se quiere solo como contraste, otra noticia que un día antes publicaba en el mismo periódico, en su sección Retina, M. G. Pascual, y que en su entradilla decía:

“Proliferan los consultores y expertos en digitalizar empresas. Algunos de ellos venden humo. Te ayudamos a detectarlos.”

Y es que si se teclea las palabras “transformación” y “digital” en Google aparecen más de 25 millones de resultados entre los que figuran programas de escuelas de negocios, artículos de prensa y entradas de blogs, la mayoría de ellos pertenecientes a consultoras

Este frenesí por digitalizarse ha propiciado la proliferación de expertos y consultores que ayudan a las empresas a sumergirse en el proceso de transformar sus negocios. Y no siempre aciertan con sus consejos.

“Como sucede con todo lo novedoso, alrededor de la transformación digital surgen de manera más o menos espontánea toda una serie de explicaciones fantásticas o de ideas transmitidas sin ningún viso de realidad que a veces llegan a calar muy profundamente”, opina Fernando Botella, de Think&Action, una consultora dedicada (precisamente) a este asunto.


Por otra parte, no hay curso, máster o concurso en universidades o escuelas de negocio, en general promocionados por la banca o por alguna multinacional, cuyo fin es la creación de una nueva empresa, en los que el mayor porcentaje de proyectos elegidos por los protagonistas no sea una empresita basada en una app dirigida a un soporte informático, sea el teléfono móvil, la táblet o el ordenador.

Lo malo es que los autores de dichos proyectos, en su mayoría estudiantes universitarios e incluso licenciados o doctorandos, creen a pies juntillas que existen muchas compañías dispuestas a pagar buenas sumas por anunciarse en las pantallas de los supuestos y deseados clientes que sin duda se conectarán a su aplicación porque no hay otra igual. Incluso aunque no hayan realizado un estudio de mercado en condiciones.

Bien, pero como es sabido “nada es verdad ni mentira, todo es según el color con que se mira”. Y hay tanta gente que si le conviene, utiliza el color rosa como único cristal, que no perciben que en el mundo, incluso empresarial, hay tantas facetas a las que nunca podrá llegar la digitilización, que son incapaces de percibir que el fracaso de su imposible negocio está a la vuelta de la esquina.


Hasta la próxima

lunes, 29 de enero de 2018

INFLUENCERS

Un influencer es una persona que cuenta con cierta credibilidad sobre un tema concreto, y que por su presencia e influencia en redes sociales puede llegar a convertirse en un prescriptor interesante para ciertas marcas. Pero también hay otro tipo de influencers que tratan de aprovechar las ocasiones que les son favorables para conseguir ventajas personales.

Así que traemos aquí un artículo de El País del pasado día 27 que muestra un par de casos de supuestos prescriptores que piden ser invitados a una estancia de varios días en un hotel de Dublín o al restaurante Diverxo, del chef Dabiz Muñoz, a comer gratis a cambio de sus “recomendaciones” en las redes que maneja, y que se titula:

Los ‘influencers’ impostores: gorrones abonados al todo gratis

"El currículum de Elle Darby tiene nueve palabras: 98.000 suscriptores en YouTube y 76.000 seguidores en Instagram. Con estas únicas credenciales, la joven, que se autodefine como influencer (prescriptora de opinión), escribió un correo electrónico al hotel de Dublín Charleville Lodge para pedir cinco noches gratis a cambio de mostrar el establecimiento en sus redes sociales.

Otro supuesto influencer, sin nombre y con una carta de presentación que se reduce a tener “un perfil que recomienda restaurantes y los puntúa”, pidió comer gratis en Diverxo, un restaurante con tres estrellas Michelin, según acaba de hacer público su dueño, el chef Dabiz Muñoz.

Tanto el dueño del Charleville Lodge como Muñoz se han negado a dar gratis sus servicios, con sendas respuestas publicadas en sus redes sociales que han copado titulares. Y probablemente ambos tomaron la decisión correcta: tanto Elle Darby como el influencer sin nombre que quería comer gratis en Diverxo son “fake influencers”, una especie de farsantes que poco ayudarán a promocionar un negocio en la medida en que su capacidad de influir en otros es reducida.

“Con unos conocimientos básicos de marketing online se puede detectar que el perfil de Instagram de Elle Darby es como un ‘pollo hormonado’, lleno de seguidores inactivos y likes (me gusta) que probablemente sean comprados”, considera Rafaela Almeida, autora de Influencers: La nueva tendencia del marketing online (Editorial Base, 2017).


Los casos de Elle Darby y del influencer sin nombre que quería recomendar Diverxo son un claro ejemplo de cómo los falsos instagramers o youtubers proliferan como “parásitos”. “El concepto de influencer está muy desvirtuado porque mucha gente se presenta como tal cuando realmente no lo es”, explica Almeida.

La experta, CEO y fundadora de la agencia de marketing y comunicación BlaNZ, ofrece una pista clave para detectar a los farsantes. “El primer paso es preguntarnos, cuando investigamos a un influencer, qué pasaría si Instragram dejara de existir. ¿Seguirían siendo personas que tienen una importancia para su sector, seguirían siendo un referente 

Disponer de muchos seguidores no es, en ningún caso, síntoma de poder de influencia en la opinión de los demás. “Se calcula que el 8% de las cuentas de Instagram son falsas”, estima Rafaela Almeida, algo que supone un grave problema para la plataforma, que trabaja para eliminar perfiles ficticios. Muestra de ello es que los supuestos influencers que basan su currículum en el número de seguidores “sufren tanto bruscas caídas, cuando Instagram elimina esos perfiles falsos, como fuertes crecimientos”, que obedecen a una “compra de seguidores”, explica Almeida.

Sin embargo, un verdadero prescriptor tiene “una progresión constante de crecimiento” y ofrece “estadísticas, un currículum profesional con análisis de negocios similares y el retorno o impacto capaz de ofrecer con el contenido creado”.

El consejo principal en la elección de un influencer para promocionar un determinado producto o servicio es analizar “quién es su audiencia, en qué está especializado y trabajar el mensaje para lograr una simbiosis entre el influencer y la marca”, recomienda Almeida, que insiste de nuevo en no primar el número de seguidores, incluso aunque sean reales.

Y ofrece un ejemplo muy gráfico en su libro: “Cristina Pedroche pidió un televisor de la marca Samsung [con una foto en Instagram], sin que quedara claro si se trataba de una colaboración publicitaria o no. Aunque al tener presente que el producto costaba 2.800 euros, cifra que para ella no supone un impedimento dado su nivel de vida, las críticas fueron feroces, siendo sin duda negativas tanto para el personaje como para la marca”.

A veces, concluye la experta en marketing, un “microinfluencer, con una comunidad más manejable pero experto en el área que promociona es mucho más rentable”.

Hasta la próxima


Mi foto
Empresario y consultor Sénior, y todavía emprendedor, que a pesar de mi formación universitaria en Derecho; de mi larga trayectoria empresarial; de tantos cursos y seminarios en Marketing, Diseño o Innovación, y de un Máster en Creación de Empresas Innovadoras, de lo que más orgulloso me siento es de colaborar con organismos como el CEEI, la Cámara de Comercio o Secot para poder poner mis conocimientos y experiencia al servicio de una juventud que está obligada a emprender pero que a su vez está muy necesitada de Formación Empresarial y, sobre todo, Comercial.